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~Arcadia~

The Frontier beyond Fantasy
Mi messenger. Así, si quieres, me agregas y hablamos ^__^

Alex del Valle

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Soy una de esas personas que no saben nunca que poner aquí porque no hay palabras para decir como soy sin conocerme primero, asique ¡no tienes excusa! ¡Conóceme! xD

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January 03

Mil años de sueños - Los Contracorrientes

 

Siempre han soplado vientos fuertes a lo largo de toda la llanura cubierta de hierba.
Quizás la topografía de la zona tenga algo que ver, pero la dirección del viento permanece constante sea cual sea el momento o la estación.


Desde el este al oeste, desde el horizonte donde se alza el sol hasta el horizonte donde el sol se pone, barridos por el viento incesante, los deformes troncos y ramas de los arbustos, se inclinan hacia el oeste. Aquí no crecen altos pastos, y los que sí lo hacen, se inclinan hacia el oeste.

Caravanas y pastores recorren la única carretera que cruza la llanura. Ellos no “vienen y van”, ellos sólo van, moviéndose desde el este hacia el oeste, usando el viento sobre sus espaldas para ganar distancia. Otros viajeros, al contrario, se dirigen desde el oeste hacia el este, utilizando siempre el tortuoso camino que serpentea alrededor de las montañas del sur. Este camino es más largo, pero mucho más rápido que cruzar los campos en dirección contraria al viento. El camino que cruza la llanura se llama “Senda del viento”. Del mismo modo que la corriente de un gran río nunca cambia de dirección, los pasos de aquellos que utilizan este camino no han cambiado de dirección desde un pasado muy lejano, ni parece que vaya a cambiar en el futuro: de este a oeste.


Figuras humanas que aparecen desde el horizonte donde el sol se alza, desaparecen sobre el horizonte donde el sol se pone.
Ellos nunca coinciden con otros viajeros, sólo en raras excepciones. La primera vez que coincidieron con Kaim en la Senda del viento, la chica sólo era una niña.

“¿Así que, mi abuela estaba viva entonces?”

En respuesta a la pregunta inocente de la niña, Kaim sonríe y responde:

“Sí, lo estaba. Y también recuerdo lo agradable que era aquella anciana”.

Mirando hacia atrás en el camino, la niña apunta hacia la fila de colinas que desaparecen en la distancia

“Mi abuela cruzó siete colinas en su viaje. ¿Son mucho siete?.
“Sí. Tu abuela vivió mucho tiempo. La mayoría de las personas terminan su viaje tras cinco colinas. Cuando mueren, la familia construye una pequeña tumba en honor del fallecido justo en el sitio donde terminó su viaje y entonces siguen su camino…”

La niña apunta hacia el suelo donde ella está.

“Esto es lo más lejos que he llegado”, dice ella con orgullo y una alegre sonrisa.
La religión de la niña y de su familia, se basan en una creencia que considera que si ellos dedican sus vidas a caminar siempre hacia el este, en sentido inverso a la corriente de la Senda del Viento, acabarán llegando hacia la parte más al este donde se encuentra el origen del viento mismo.
Estas palabras llevan un toque de miedo y tristeza, pero también un poco de pena y burla.

 
Los Contracorrientes están desprovistos de los deseos mundanos. Viven sus vidas sin más propósito que viajar hacia el este a pié. Están libres de dudas. Traen a la vida a sus niños durante el viaje y continúan su viaje mientras sus niños crecen. Cuando envejecen y sus fuerzas les abandonan, su viaje acaba. Pero el viaje de su familia continúa.
De niño a nieto y de nieto a bisnieto van transmitiendo su creencia. El viaje de la familia de la niña comenzó con abuela, la cuál comenzó caminando desde el punto más occidental con su hija, que tenía entonces la misma edad que la niña tiene ahora.
Los Contracorrientes no caminan durante todo el año, por supuesto. Durante la estación en la cuál el viento sopla especialmente fuerte (desde finales de otoño hasta comienzos de primavera), ellos fijan su residencia en varias ciudades situadas a lo largo del camino y se ganan un sueldo desarrollando tareas que los ciudadanos se niegan a hacer. Algunos Contracorrientes eligen quedarse en las ciudades, mientras otros, por el contrario, se reincorporan al viaje en primavera.

Se trata de personas que se han enamorado durante el largo invierno,
O de chicos a los que les encanta viajar, o adultos que se han cansado de la vida en la ciudad. Estas son las razones por las que el habitante de la ciudad mira con recelo a los Contracorrientes.

La madre de la niña fue una de esas que se unió al viaje a medio camino y esa misma chica, hace algunos años, se enamoró de alguien en una ciudad de algún lugar. Ella podría haber elegido vivir en la ciudad o haber invitado a su amante a unirse a ella en su camino.
Ella aún no sabe lo que queda por venir. Su padre dice: Es hora de irse

Su breve descanso ha terminado.

Ella parece triste por tener que irse y se levanta de mala gana.”¡Qué mal!”, dice.”Me hubiese gustado hablar más tiempo contigo. Pero tenemos que llegar a la siguiente ciudad antes de que comience la época de nieve”.

Constantemente expuestas al viento, sus mejillas están rojas y agrietada, secos sus labios, pero tiene una sonrisa maravillosa con la que desea a Kaim un buen viaje. Es la serena sonrisa de aquel que cree completamente en su propósito en la vida sin la más mínima duda. “¿Volveré a verte otra vez en algún sitio?”, pregunta ella. “Es probable”

 
Kaim responde, sonriendo de espaldas hacia ella, pero su sonrisa nunca podrá coincidir con la de ella. El se dirige a los campos de batalla como mercenario, y desde el momento en que la batalla en la zona occidental ha terminado, una nueva batalla habrá comenzado en el este.

Será un solitario y cruel viaje, sin nada en lo que creer. La próxima vez que él se encuentre de nuevo con la chica durante el viaje, la sonrisa de Kaim tendrá incluso más sombras que ahora. Quizá como regalo de despedida para él, la chica recita unas cuantas frases para él.

¿Desde dónde sopla este viento?
¿Comenzará aquí su viaje?
¿Viene desde donde la vida comienza?
¿O comienza donde acaba la vida?

“Adiós entonces”, dice la chica girándose, un paso tras otro, su pelo se agita por el viento.

 
Diez largos años han pasado y Kaim vuelve a encontrarse con la chica.
Es primavera y los pastos están repletos de flores blancas.
Ella se ha convertido en la esposa de un joven hombre que confecciona y repara el calzado en una de las ciudades por las que pasaron.
“Esta es mi tercera primavera aquí”, dice, acariciándose su hinchado vientre con cariño.


En unos pocos días, ella dará vida a un niño. Va a ser madre.

“¿Y tu familia...?”. Pregunta Kaim,

Ella se encoge de hombros y mira hacia el este.

“Ellos siguen con su viaje. Yo soy la única que se quedó aquí”. Kaim no pregunta por qué lo ha hecho.

 
Seguir el viaje es una forma de vida y quedarse en una ciudad es otra.
No puede decirse que uno sea más correcto que el otro. La respuesta de la chica se muestra en su cara sonriente. “Pero nunca pienso en mí”, dice ella mirándole con interés”.

“No has cambiado ni un poco desde la última vez que nos vimos”, dice ella.

 
Para los cientos de años que tiene Kaim, diez años no es más que un cambio de estación.

“Algunas personas son así”, dice él costándole sonreir. Algunas personas en este mundo no pueden envejecer, no importa cuánto tiempo vivan”.


El contempla a la chica, ahora convertida en mujer y se pregunta si vivir eternamente por siempre es un hechizo o una bendición. La explicación de Kaim a penas es una explicación, pero la muchacha asiente con una muestra de aparente entendimiento.

“En ese caso”, dice ella, “tú deberías ser el que vaya al lugar donde comienza el viento. Serías el perfecto Contracorriente.


Quizá ella tenga razón después de todo, la vida útil otorgada a los seres humanos es demasiado corta para alguien que viaja contra la Senda del viento y pretende llegar hasta su punto de partida. Kaim contesta con un leve movimiento de cabeza.

 
“No estoy cualificado para hacer el viaje”.
“¿No? cualquiera puede ser un contracorriente
. Cualquiera que quiera ver con sus propios ojos el lugar desde dónde comienza el viento”.


Después de decir eso, la chica añade con un poco de tristeza: “Aún nadie ha podido verlo, creo”. El lugar donde comienza el viento: ese lugar no está en ningún sitio. Incluso si así fuera, después de un largo viaje, uno llegaría a la parte más al este de la Senda del viento y el viendo también soplaría allí. Y no sólo soplaría en la parte este. También soplaría el viento del oeste, el del norte, el del sur: vientos sin límite, sin fin.
Los seres humanos, a pesar de no poder vivir para siempre, se atreven a emprender un viaje sin fin. Esta podría ser una gran tragedia, pero podría muy bien ser una gran comedia. Sin embargo, Kaim sabe algo: uno no puede simplemente desechar esa idea como si fuera inútil.”¿Qué vas a hacer tú?”, pregunta él.”¿Continuarás pronto tu viaje?”


Ella piensa en eso durante un segundo, acaricia su vientre hinchado, inclina la cabeza y dice: “Me pregunto ... si quizá quiero seguir viviendo mi vida como hasta ahora. O si por el contrario, quiero volver a sentir el deseo de alcanzar el punto de partida del viento”. Todos los Contracorrientes sin excepción dicen que nunca puedes saber qué podrá desencadenar tu vuelta al viaje. Un día, sin previo aviso, dejas atrás toda tu vida en la ciudad y comienzas a caminar.


No es sólo una cuestión de caminar como un Contracorriente e ir dejando atrás el camino. Mucha gente lo abandona de repente.
Las enseñanzas de los Contracorrientes dicen que todos los seres humanos albergan en su interior el deseo de hacer un viaje sin fin. Seguramente, no son conscientes de ese deseo porque está muy oculto y mucho más escondido en el interior del pecho que en el interior de la conciencia.

Pero en el momento en el que eso sale a la superficie, esa persona se convierte en un Contracorriente. “Incluso tú tienes ese deseo”, dice la niña a Kaim.
“Me pregunto...”
“Es cierto”
, dice ella.”No preguntes”.
La mirada en los ojos de ella tan sencilla y libre de toda duda, tal y como fue la última vez que se encontraron.

Fijando en él su mirada, ella observa su propio pecho.
“Yo no la he perdido completamente”
“Pero estoy seguro que tú eres feliz con tu actual vida”
“Por supuesto que lo soy”
“¿Crees que llegará un día en el que querrás volver al camino aunque eso signifique perder tu felicidad?”

 
En lugar de responder, ella le ofrece una amable sonrisa. Han pasado muchos años, pero ahora y entonces, algo le recuerda a Kaim las palabras de la chica- todo el mundo desea acabar su viaje.

 
Para Kaim, la vida misma es un viaje sin fin.
En el curso de su viaje, ha sido testigo de innumerables muertes y también de innumerables nacimientos. La vida humana es demasiado corta, demasiado débil y fugaz.

Cuanto más piensa en la palabra “fugaz”, palabras como “eterno” y “perpetuo” le dan más sentido a su vida, como si fuera tan finita como cualquier otra cosa. Ahora Kaim asiste al funeral de un Contracorriente.

Un niño vestido de luto está junto a la carretera portando unas flores silvestres para los viajeros, e instándolos a “ofrecer una flor a una noble alma que ha hecho un largo viaje hasta aquí”.
Kaim coge una flor y pregunta al chico:

“¿Era un miembro de tu familia?”
“Así es, era mi abuela”.

La cara del chico le recuerda a Kaim una imagen que el ya conocía.

La anciana que se encuentra en el ataúd debe ser aquella niña que Kaim conoció. Está seguro de ello.

“Mi abuela viajó durante mucho tiempo. Trajo a mi padre con ella cuando él era sólo un niño. ¿Ves aquella colina de allí? Ella empezó a caminar desde allí y más allá y acabó su viaje aquí”

Así que, la niña debe haber acabado su viaje después de todo.
Volviendo la espalda a la vida en la ciudad, llevando a su niño de la mano todo el camino hasta el final.
Su deseo de conocer el lugar donde nace el viento fué transmitido a su hijo, después a su nieto, y también lo será a las generaciones venideras.

Dirigirse hacia una tierra que uno nunca podría esperar alcanzar y hacer eso generación tras generación también es otro viaje sin fin. ¿Acaso es una tragedia?.
¿Una comedia?
Quizá la sonrisa serena en la cara de la anciana dentro del ataúd sea la respuesta.
Kaim apoya la flor en los pies de la anciana como una ofrenda.
Los miembros de la familia de la fallecida que han viajado con ella, se unen para cantar una canción de despedida.


¿Desde dónde sopla este viento?
¿Comienza desde aquí su viaje?.
¿Viene desde donde comienza la vida?
¿O quizá comienza donde la vida acaba?

El viento sopla.
Se extiende por los grandes pastos.
Kaim da un largo y lento paso hacia su destino.

“¡Que tengas un buen viaje!”, grita el chico.
Rosadas, como lo fueron las mejillas de la niña hace tiempo, las del niño forman una suave sonrisa como despedida al viajero.

November 12

Bh2 Paralelo - Luz y Oscuridad

Porque os lo habeis ganado a pulso. Este es vuestro combate final, disfrutadlo.

 

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-Acabemos con esto –danzaron. La espada y el bastón crepitaban cuando chocaban, emitiendo pequeñas vibraciones que cortaban las superficies al tocarlas. De pronto, ambos se vieron reflejados en uno de los espejos hexagonales, desapareciendo, para seguir el combate en otro lugar.

 

Luz y Oscuridad

 

 

Miró la sala a través del pequeño cristal de la puerta. La estancia circular estaba completamente iluminada. Tenía un único acceso desde ese punto de la torre, pero la puerta al mismo estaba cerrada a conciencia. Mirando las escaleras, pensó que no podía haber otro camino, sin embargo… únicamente habían espejos. Corrió escaleras abajo.

 

Instantes más tarde, un fogonazo de luz inundó la habitación.

 

Los combatientes se separaron, inseguros, sin quitar la vista de su oponente. Observando cuidadosamente los movimientos del otro, comenzaron a dar vueltas por la habitación, lentamente.

 

Ari movió los ojos a un lado y a otro, sólo para verse reflejada en las paredes. Otra sala con espejos, pensó. Pero estos espejos parecían ligeramente diferentes. Había algo oscuro en su interior.

 

-¡Sombras de ceniza! –media luna esfera negra rodeó a Preio, de la que salieron brazos y torsos con cabezas deforme que arremetieron contra la chica. Esquivandolos con facilidad, Ari serpenteó entre ellos. Cuando se detuvieron, se notó más pesada. La ceniza que portaban las garras se había posado en su ropa, y se había solidificado convirtiendose en un material muy pesado. Arrancandose las zonas impregnadas de la túnica, hizo girar el Tempus.

 

-¡Finis Tempus! –un reloj de arena fantasmal apareció frente al bastón, con un agujero entre los dos frascos de cristal. Introduciendo el Tempus en el hueco, Ari detuvo el tiempo en la sala.

 

-¡Tengo que pensar en algo, y rápido! No puedo mantener mucho tiempo esto… ¡¡piensa Ari, piensa!! –gritó. La situación estaba completamente en contra. El arma de Preio era mejor que la suya, y la manejaba con mayor soltura. Quizás ella tenías más poder, pero entre la espada de Abestos y el poder de Antares estaba en clara desventaja. Soltó el bastón, y corrió hacia su enemigo. Apoyando la mano en la espada, cerró los ojos durante un momento, el cual pareció eterno.

 

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Un ruido en la habitación de la derecha le alertó. Dando una voltereta hacia atrás, esquivó un zarpazo metálico. Un Aracnosynth, le disparó desde el interior de la sala. Haciendo gala de unos reflejos sobrehumanos, detuvo las balas con la espada sierra. Mirando la araña metálica, cargó.

 

El droide saltó al techo mientras lanzaba una telaraña hecha con filamentos de diamante. Usando su peso como ventaja, se lanzó al suelo girando sobre si mismo, al tiempo que encendía la espada sierra. Girandola como un molinete, enganchó la telaraña y la proyectó contra la pared más cercana, que se llenó al instante de cortes. La propia hoja de la sierra perdió varios dientes en el proceso. Mirando hacia arriba, sacó su pistola láser mientras abría fuego en espiral. La araña corrió por el techo hasta la pared, arrancando partes de la misma con el cambio de verticalidad. Cargando los misiles laterales, encendió los propulsores y apuntó al muchacho. Éste abrió los ojos desmesuradamente, enfundó la espada y se preparó.

 

Ambos cohetes surcaron el aire a gran velocidad.

 

…¡Accelerator!...

 

La estancia se iluminó en azul mientras el tiempo se ralentizaba. El chico corrió hacia delante, hizo un mortal en el aire sobrevolando los misiles, apoyó sus manos en los mismos y presionó con fuerza. El fuego de la parte trasera y el calor del metal se hicieron notar, pero él no soltó los cohetes. La piel comenzó a cuartearse en sus manos mientras seguía girando los proyectiles. Cuando el salto terminó, los misiles apuntaban a su dueño. El joven saltó hacia su posición original, dejando que el tiempo volviera a la normalidad.

 

Ambos misiles salieron despedidos hacia el Aracnosynth. El primero estalló contra su campo de fuerza, pero el segundo atravesó por el agujero del primero la barrera, directo a la cabeza del droide. Las patas delanteras se movieron con presteza y agarraron el cohete, frenandolo en seco. Las miras láser del robot apuntaron de nuevo al chico, mientras giraba el cohete…

 

…cuando el cuchillo impactó contra la espoleta del mismo. La explosión se produjo dentro del campo de energía, pues permitía el paso de las cosas que se movían a poca velocidad, como un cuchillo lanzado manualmente, pero no las de gran velocidad, como la explosión generada por la cabeza de un misil.

 

Con las manos llenas de cortes y ampollas, la espada mellada y la pistola descargada de energía, el chico se sentó en el suelo. De pronto, desde el piso de arriba se escuchó el grito de una mujer.

 

-Esa… ¡¡esa es la voz de Ari!! –dijo, mientras corría escaleras arriba.

 

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Ari yacía en el suelo, con un tajo de espada en el brazo derecho. Donde el metal había tocado la carne, una marca humeante quedaba como prueba. Preio lanzaba una estocada tras otra, que Ari solo podía esquivar rodando por el suelo. Dos tajos más la dejaron atrapada entre la espada y la pared.

 

-Se acabó el juego, mujer. –levantó la espada sobre su cabeza- ¡Muere Ari, muere!

 

La puerta de la habitación saltó en pedazos hacia dentro, dejando paso a una espada sierra que voló hacia la espalda de Preio y se quedó atravesando su torso, sobresaliendo por su pecho. Éste dio unos pasos atrás antes de derrumbarse.

 

-¡¡Dain!! –el joven Terduki sonreía desde la puerta. Se lanzó en carrera a abrazar a su hermana, pasando por el cuerpo caído de Preio.

 

-¡Hermana! No sabes lo que me ha costado encontrarte. ¿Estás herida?

-Nada que no pueda aguantar. –Ari tosió, estaba muy cansada.

-¿Y los demás? –preguntó Dain, nervioso.

-Están en…

 

Cogiendo de los hombros a su hermano, lo puso tras de si, mientras sonreía. Moviendo los labios, susurró un “te quiero”, arqueando la espalda hacia arriba. La espada de Asbestos se deslizó desde los hombros hasta la cadera, pasando a través del cuerpo de Ari. Preio miraba desafiante con la espada sierra aún clavada, riendo como un loco.

 

-No…no… ¡NOOOO! –Dain empuñó el Tempus, soltando golpes a lo loco contra el asesino de su hermana. Preio los detenía sin mirar, riendo muy alto y muy fuerte.

 

-¡ESTÁS MUERTA! –gritaba- ¡GANO YO! –de un manotazo apartó al joven Terduki a un lado, y materializando su escopeta en la mano libre, le apuntó.

 

-Desaparece, gusano. –apretó el gatillo.

 

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-¡Tengo que pensar en algo, y rápido! No puedo mantener mucho tiempo esto… ¡¡piensa Ari, piensa!! –gritó. La situación estaba completamente en contra. El arma de Preio era mejor que la suya, y la manejaba con mayor soltura. Quizás ella tenías más poder, pero entre la espada de Abestos y el poder de Antares estaba en clara desventaja. Soltó el bastón, y corrió hacia su enemigo. Apoyando la mano en la espada, cerró los ojos durante un momento, el cual pareció eterno.

 

…deseo…

 

La espada brilló con un fulgor blanquecino.

 

…deseo el poder para proteger a los que más quiero…

 

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Un ala de plumas blancas, resplandeciente y pulcra, detuvo suavemente la bala.

 

El siseo de las plumas, la blanca luz… Preio tuvo que apartar la vista y retroceder, descargando el cargador de su escopeta sobre la resplandeciente figura.

 

De nada sirvió. La luz quemaba la túnica de Preio, un himno celestial le impedía pensar, y el resplandor le cegaba. Gritando, cerró los ojos y se llevó las manos a las orejas.

 

…Finis Mundi…

 

Una lluvia de flechas luminosas cayó sobre el chico. Una tras otra, se le fueron clavando en el cuerpo, dejandole marcas blancas allí donde impactaban. Cada vez cogían más velocidad y le atravesaban partes más vitales del cuerpo. Al terminar, las flechas se desvanecieron. Las plumas cayeron al suelo como nieve blanca, evaporandose al tocar el suelo. La luz remitió, dejando ver entre los restos calcinados del suelo a Ari, que resplandecía con luz propia.

 

Levantó la túnica negra del suelo. Preio había caído, su cuerpo, fulminado por el poder de la luz.

 

-Hermana… ¿sigues viva? –Dain todavía no se lo creía. Ella le miró sonriente.- temía por ti… ¡creí que habías muerto!

-Te ha asustado la oscuridad, ¿verdad? –avergonzado, Dain asintió con la cabeza.- Eso es porque no habías visto lo que la luz es capaz de hacer.

 

Ari miró al único espejo que quedaba en pie en la sala, donde Alsan miraba entristecido hacia los espejos de su sala.

 

-Esto no ha terminado aún. –dijo, poniendose la túnica negra por encima y desapareciendo espada en mano. Dain se quedó boquiabierto.

 

-Definitivamente, tu eres la mejor guerrera de la luz.

 

 

November 09

Faes, flutes and flowers

 

El viento inclinaba los tallos de las flores. El sol había dejado paso a un cielo nublado, cada vez más oscuro, amenazante de lluvia. Sentado en la corola de una de las margaritas, mascando una minúscula brizna de hierba, se encontraba Wyleil. Agitándose cada vez más, escrutaba el infinito con la mirada perdida.

 

"Es el fin el que justifica los medios", escribió en el reverso de su cuaderno, hecho con hojas secas caídas del árbol donde vivía. Rasgó la hoja, la arrugó entre sus manos y la lanzó al vacío. "Las promesas se cumplen", escribió en la siguiente. Dio un bocado a un estambre partido, escupió la parte dura y siguió escribiendo.

 

Los fuertes golpes de la lluvia le sacaron de su divagación. Cada gota era del tamaño de su cabeza, y era muy peligroso dejar que cayeran a su alrededor pues cualquiera podía acabar con su efímera vida. Guardando el cuaderno en su saco, dio una voltereta y se dejó caer entre las hojas, para resguardarse junto a los tallos de la lluvia. Deslizándose como podía llegó a la tierra, con las alas empapadas y los diminutos pies sucios. Cuanto más cercana estaba la estación de las lluvias, menos ropa debían llevar para poder remontar el vuelo en cualquier momento, evitando así el sobrepeso. Agitando la cabeza, se sacudió el pelo y se estremeció de frío.

 

La lluvia se hizo más y más fuerte,  provocando que el agua cayera a más velocidad y con más fuerza. Levantando sobre su cabeza un trozo de corteza, corrió hacia la cobertura del árbol más cercano. Un ruido familiar le hizo lanzar su cobertura hacia delante y rodar hacia un lado, esquivando el picotazo de un pájaro que como él, buscaba el amparo del follaje del árbol. El cuervo, mucho más grande que él, se abalanzó graznando con el pico abierto. En una búsqueda desesperada, Wyleil sacó de su bolsa su pequeña flauta, entonando rápidamente la melodía del viento. El ave se detuvo, indecisa entre atacar y conseguir comida, o seguir escuchando la canción. Pronto la música tuvo el efecto deseado. El cuervo replegó sus alas, se dejó caer sobre sus patas y cerró los ojos, fascinado por el sonido del diminuto instrumento.

 

Wyleil se fue acercando poco a poco, sin dejar de tocar, al cuello del pájaro. Cuando estuvo suficientemente cerca, miró hacia su cinto, donde su espada serrada, hecha con las patas de una Mantis religiosa, yacía colgando. Dejó de tocar, el cuervo dormía. Entrecerrando los ojos, pensó en acabar con su enemigo de un sólo movimiento, pero había prometido no volver a matar innecesariamente. Asintió con la cabeza mientras subrayaba en su cuaderno la última frase escrita. Cumpliría la promesa.

 

Una sombra se cernió sobre él, oscureciéndolo todo. El pájaro se alzaba con las alas abiertas sobre él, y de un picotazo lo mandó al suelo y desperdigó las hojas de su cuaderno por la tierra mojada. Cuando el ave lanzó su segundo ataque, Wyleil rodó hacia un lado de la cabeza del animal, lanzó un tajo ascendente y tras un giro, otro transversal. La cabeza del cuervo se desprendió con un desagradable sonido del torso, mientras los espasmos post mortem del animal lo salpicaban todo de rojo.

 

La lluvia ahora sólo era llovizna, y la sangre fue resbalando de la espada de Wyleil, clavada en el suelo, mientras éste entonaba una sonata por el alma de su cazador. Había incumplido la promesa, pues podía haber salido corriendo del lugar o haber continuado con la música, pero en una lucha a muerte por su vida...

 

"El fin justifica los medios", pensó, alejándose.

October 28

Be Welcome

Una nueva historia comienza. Bienvenidos a Arcadia, tierra de sueños y de leyenda.
 
Chelestra, city in clouds
Espero que disfruteis los que venís de antes y los que seais nuevos, y que esta vez... todo sea como debe ser.
 
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