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~Arcadia~The Frontier beyond Fantasy |
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January 03 Mil años de sueños - Los Contracorrientes
Siempre han soplado vientos fuertes a lo largo de toda la llanura cubierta de hierba.
Caravanas y pastores recorren la única carretera que cruza la llanura. Ellos no “vienen y van”, ellos sólo van, moviéndose desde el este hacia el oeste, usando el viento sobre sus espaldas para ganar distancia. Otros viajeros, al contrario, se dirigen desde el oeste hacia el este, utilizando siempre el tortuoso camino que serpentea alrededor de las montañas del sur. Este camino es más largo, pero mucho más rápido que cruzar los campos en dirección contraria al viento. El camino que cruza la llanura se llama “Senda del viento”. Del mismo modo que la corriente de un gran río nunca cambia de dirección, los pasos de aquellos que utilizan este camino no han cambiado de dirección desde un pasado muy lejano, ni parece que vaya a cambiar en el futuro: de este a oeste.
“¿Así que, mi abuela estaba viva entonces?” En respuesta a la pregunta inocente de la niña, Kaim sonríe y responde: “Sí, lo estaba. Y también recuerdo lo agradable que era aquella anciana”. Mirando hacia atrás en el camino, la niña apunta hacia la fila de colinas que desaparecen en la distancia “Mi abuela cruzó siete colinas en su viaje. ¿Son mucho siete?. La niña apunta hacia el suelo donde ella está. “Esto es lo más lejos que he llegado”, dice ella con orgullo y una alegre sonrisa. Se trata de personas que se han enamorado durante el largo invierno, ¿Desde dónde sopla este viento? “Adiós entonces”, dice la chica girándose, un paso tras otro, su pelo se agita por el viento.
“¿Y tu familia...?”. Pregunta Kaim, Ella se encoge de hombros y mira hacia el este. “Ellos siguen con su viaje. Yo soy la única que se quedó aquí”. Kaim no pregunta por qué lo ha hecho. “No has cambiado ni un poco desde la última vez que nos vimos”, dice ella. “Algunas personas son así”, dice él costándole sonreir. Algunas personas en este mundo no pueden envejecer, no importa cuánto tiempo vivan”.
“En ese caso”, dice ella, “tú deberías ser el que vaya al lugar donde comienza el viento. Serías el perfecto Contracorriente.
Cuanto más piensa en la palabra “fugaz”, palabras como “eterno” y “perpetuo” le dan más sentido a su vida, como si fuera tan finita como cualquier otra cosa. Ahora Kaim asiste al funeral de un Contracorriente. Un niño vestido de luto está junto a la carretera portando unas flores silvestres para los viajeros, e instándolos a “ofrecer una flor a una noble alma que ha hecho un largo viaje hasta aquí”. “¿Era un miembro de tu familia?” La cara del chico le recuerda a Kaim una imagen que el ya conocía.
El viento sopla. “¡Que tengas un buen viaje!”, grita el chico. November 12 Bh2 Paralelo - Luz y OscuridadPorque os lo habeis ganado a pulso. Este es vuestro combate final, disfrutadlo.
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-Acabemos con esto –danzaron. La espada y el bastón crepitaban cuando chocaban, emitiendo pequeñas vibraciones que cortaban las superficies al tocarlas. De pronto, ambos se vieron reflejados en uno de los espejos hexagonales, desapareciendo, para seguir el combate en otro lugar.
Luz y Oscuridad
Miró la sala a través del pequeño cristal de la puerta. La estancia circular estaba completamente iluminada. Tenía un único acceso desde ese punto de la torre, pero la puerta al mismo estaba cerrada a conciencia. Mirando las escaleras, pensó que no podía haber otro camino, sin embargo… únicamente habían espejos. Corrió escaleras abajo.
Instantes más tarde, un fogonazo de luz inundó la habitación.
Los combatientes se separaron, inseguros, sin quitar la vista de su oponente. Observando cuidadosamente los movimientos del otro, comenzaron a dar vueltas por la habitación, lentamente.
Ari movió los ojos a un lado y a otro, sólo para verse reflejada en las paredes. Otra sala con espejos, pensó. Pero estos espejos parecían ligeramente diferentes. Había algo oscuro en su interior.
-¡Sombras de ceniza! –media luna esfera negra rodeó a Preio, de la que salieron brazos y torsos con cabezas deforme que arremetieron contra la chica. Esquivandolos con facilidad, Ari serpenteó entre ellos. Cuando se detuvieron, se notó más pesada. La ceniza que portaban las garras se había posado en su ropa, y se había solidificado convirtiendose en un material muy pesado. Arrancandose las zonas impregnadas de la túnica, hizo girar el Tempus.
-¡Finis Tempus! –un reloj de arena fantasmal apareció frente al bastón, con un agujero entre los dos frascos de cristal. Introduciendo el Tempus en el hueco, Ari detuvo el tiempo en la sala.
-¡Tengo que pensar en algo, y rápido! No puedo mantener mucho tiempo esto… ¡¡piensa Ari, piensa!! –gritó. La situación estaba completamente en contra. El arma de Preio era mejor que la suya, y la manejaba con mayor soltura. Quizás ella tenías más poder, pero entre la espada de Abestos y el poder de Antares estaba en clara desventaja. Soltó el bastón, y corrió hacia su enemigo. Apoyando la mano en la espada, cerró los ojos durante un momento, el cual pareció eterno.
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Un ruido en la habitación de la derecha le alertó. Dando una voltereta hacia atrás, esquivó un zarpazo metálico. Un Aracnosynth, le disparó desde el interior de la sala. Haciendo gala de unos reflejos sobrehumanos, detuvo las balas con la espada sierra. Mirando la araña metálica, cargó.
El droide saltó al techo mientras lanzaba una telaraña hecha con filamentos de diamante. Usando su peso como ventaja, se lanzó al suelo girando sobre si mismo, al tiempo que encendía la espada sierra. Girandola como un molinete, enganchó la telaraña y la proyectó contra la pared más cercana, que se llenó al instante de cortes. La propia hoja de la sierra perdió varios dientes en el proceso. Mirando hacia arriba, sacó su pistola láser mientras abría fuego en espiral. La araña corrió por el techo hasta la pared, arrancando partes de la misma con el cambio de verticalidad. Cargando los misiles laterales, encendió los propulsores y apuntó al muchacho. Éste abrió los ojos desmesuradamente, enfundó la espada y se preparó.
Ambos cohetes surcaron el aire a gran velocidad.
…¡Accelerator!...
La estancia se iluminó en azul mientras el tiempo se ralentizaba. El chico corrió hacia delante, hizo un mortal en el aire sobrevolando los misiles, apoyó sus manos en los mismos y presionó con fuerza. El fuego de la parte trasera y el calor del metal se hicieron notar, pero él no soltó los cohetes. La piel comenzó a cuartearse en sus manos mientras seguía girando los proyectiles. Cuando el salto terminó, los misiles apuntaban a su dueño. El joven saltó hacia su posición original, dejando que el tiempo volviera a la normalidad.
Ambos misiles salieron despedidos hacia el Aracnosynth. El primero estalló contra su campo de fuerza, pero el segundo atravesó por el agujero del primero la barrera, directo a la cabeza del droide. Las patas delanteras se movieron con presteza y agarraron el cohete, frenandolo en seco. Las miras láser del robot apuntaron de nuevo al chico, mientras giraba el cohete…
…cuando el cuchillo impactó contra la espoleta del mismo. La explosión se produjo dentro del campo de energía, pues permitía el paso de las cosas que se movían a poca velocidad, como un cuchillo lanzado manualmente, pero no las de gran velocidad, como la explosión generada por la cabeza de un misil.
Con las manos llenas de cortes y ampollas, la espada mellada y la pistola descargada de energía, el chico se sentó en el suelo. De pronto, desde el piso de arriba se escuchó el grito de una mujer.
-Esa… ¡¡esa es la voz de Ari!! –dijo, mientras corría escaleras arriba.
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Ari yacía en el suelo, con un tajo de espada en el brazo derecho. Donde el metal había tocado la carne, una marca humeante quedaba como prueba. Preio lanzaba una estocada tras otra, que Ari solo podía esquivar rodando por el suelo. Dos tajos más la dejaron atrapada entre la espada y la pared.
-Se acabó el juego, mujer. –levantó la espada sobre su cabeza- ¡Muere Ari, muere!
La puerta de la habitación saltó en pedazos hacia dentro, dejando paso a una espada sierra que voló hacia la espalda de Preio y se quedó atravesando su torso, sobresaliendo por su pecho. Éste dio unos pasos atrás antes de derrumbarse.
-¡¡Dain!! –el joven Terduki sonreía desde la puerta. Se lanzó en carrera a abrazar a su hermana, pasando por el cuerpo caído de Preio.
-¡Hermana! No sabes lo que me ha costado encontrarte. ¿Estás herida? -Nada que no pueda aguantar. –Ari tosió, estaba muy cansada. -¿Y los demás? –preguntó Dain, nervioso. -Están en…
Cogiendo de los hombros a su hermano, lo puso tras de si, mientras sonreía. Moviendo los labios, susurró un “te quiero”, arqueando la espalda hacia arriba. La espada de Asbestos se deslizó desde los hombros hasta la cadera, pasando a través del cuerpo de Ari. Preio miraba desafiante con la espada sierra aún clavada, riendo como un loco.
-No…no… ¡NOOOO! –Dain empuñó el Tempus, soltando golpes a lo loco contra el asesino de su hermana. Preio los detenía sin mirar, riendo muy alto y muy fuerte.
-¡ESTÁS MUERTA! –gritaba- ¡GANO YO! –de un manotazo apartó al joven Terduki a un lado, y materializando su escopeta en la mano libre, le apuntó.
-Desaparece, gusano. –apretó el gatillo.
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-¡Tengo que pensar en algo, y rápido! No puedo mantener mucho tiempo esto… ¡¡piensa Ari, piensa!! –gritó. La situación estaba completamente en contra. El arma de Preio era mejor que la suya, y la manejaba con mayor soltura. Quizás ella tenías más poder, pero entre la espada de Abestos y el poder de Antares estaba en clara desventaja. Soltó el bastón, y corrió hacia su enemigo. Apoyando la mano en la espada, cerró los ojos durante un momento, el cual pareció eterno.
…deseo…
La espada brilló con un fulgor blanquecino.
…deseo el poder para proteger a los que más quiero…
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Un ala de plumas blancas, resplandeciente y pulcra, detuvo suavemente la bala.
El siseo de las plumas, la blanca luz… Preio tuvo que apartar la vista y retroceder, descargando el cargador de su escopeta sobre la resplandeciente figura.
De nada sirvió. La luz quemaba la túnica de Preio, un himno celestial le impedía pensar, y el resplandor le cegaba. Gritando, cerró los ojos y se llevó las manos a las orejas.
…Finis Mundi…
Una lluvia de flechas luminosas cayó sobre el chico. Una tras otra, se le fueron clavando en el cuerpo, dejandole marcas blancas allí donde impactaban. Cada vez cogían más velocidad y le atravesaban partes más vitales del cuerpo. Al terminar, las flechas se desvanecieron. Las plumas cayeron al suelo como nieve blanca, evaporandose al tocar el suelo. La luz remitió, dejando ver entre los restos calcinados del suelo a Ari, que resplandecía con luz propia.
Levantó la túnica negra del suelo. Preio había caído, su cuerpo, fulminado por el poder de la luz.
-Hermana… ¿sigues viva? –Dain todavía no se lo creía. Ella le miró sonriente.- temía por ti… ¡creí que habías muerto! -Te ha asustado la oscuridad, ¿verdad? –avergonzado, Dain asintió con la cabeza.- Eso es porque no habías visto lo que la luz es capaz de hacer.
Ari miró al único espejo que quedaba en pie en la sala, donde Alsan miraba entristecido hacia los espejos de su sala.
-Esto no ha terminado aún. –dijo, poniendose la túnica negra por encima y desapareciendo espada en mano. Dain se quedó boquiabierto.
-Definitivamente, tu eres la mejor guerrera de la luz.
November 09 Faes, flutes and flowers
El viento inclinaba los tallos de las flores. El sol había dejado paso a un cielo nublado, cada vez más oscuro, amenazante de lluvia. Sentado en la corola de una de las margaritas, mascando una minúscula brizna de hierba, se encontraba Wyleil. Agitándose cada vez más, escrutaba el infinito con la mirada perdida.
"Es el fin el que justifica los medios", escribió en el reverso de su cuaderno, hecho con hojas secas caídas del árbol donde vivía. Rasgó la hoja, la arrugó entre sus manos y la lanzó al vacío. "Las promesas se cumplen", escribió en la siguiente. Dio un bocado a un estambre partido, escupió la parte dura y siguió escribiendo.
Los fuertes golpes de la lluvia le sacaron de su divagación. Cada gota era del tamaño de su cabeza, y era muy peligroso dejar que cayeran a su alrededor pues cualquiera podía acabar con su efímera vida. Guardando el cuaderno en su saco, dio una voltereta y se dejó caer entre las hojas, para resguardarse junto a los tallos de la lluvia. Deslizándose como podía llegó a la tierra, con las alas empapadas y los diminutos pies sucios. Cuanto más cercana estaba la estación de las lluvias, menos ropa debían llevar para poder remontar el vuelo en cualquier momento, evitando así el sobrepeso. Agitando la cabeza, se sacudió el pelo y se estremeció de frío.
La lluvia se hizo más y más fuerte, provocando que el agua cayera a más velocidad y con más fuerza. Levantando sobre su cabeza un trozo de corteza, corrió hacia la cobertura del árbol más cercano. Un ruido familiar le hizo lanzar su cobertura hacia delante y rodar hacia un lado, esquivando el picotazo de un pájaro que como él, buscaba el amparo del follaje del árbol. El cuervo, mucho más grande que él, se abalanzó graznando con el pico abierto. En una búsqueda desesperada, Wyleil sacó de su bolsa su pequeña flauta, entonando rápidamente la melodía del viento. El ave se detuvo, indecisa entre atacar y conseguir comida, o seguir escuchando la canción. Pronto la música tuvo el efecto deseado. El cuervo replegó sus alas, se dejó caer sobre sus patas y cerró los ojos, fascinado por el sonido del diminuto instrumento.
Wyleil se fue acercando poco a poco, sin dejar de tocar, al cuello del pájaro. Cuando estuvo suficientemente cerca, miró hacia su cinto, donde su espada serrada, hecha con las patas de una Mantis religiosa, yacía colgando. Dejó de tocar, el cuervo dormía. Entrecerrando los ojos, pensó en acabar con su enemigo de un sólo movimiento, pero había prometido no volver a matar innecesariamente. Asintió con la cabeza mientras subrayaba en su cuaderno la última frase escrita. Cumpliría la promesa.
Una sombra se cernió sobre él, oscureciéndolo todo. El pájaro se alzaba con las alas abiertas sobre él, y de un picotazo lo mandó al suelo y desperdigó las hojas de su cuaderno por la tierra mojada. Cuando el ave lanzó su segundo ataque, Wyleil rodó hacia un lado de la cabeza del animal, lanzó un tajo ascendente y tras un giro, otro transversal. La cabeza del cuervo se desprendió con un desagradable sonido del torso, mientras los espasmos post mortem del animal lo salpicaban todo de rojo.
La lluvia ahora sólo era llovizna, y la sangre fue resbalando de la espada de Wyleil, clavada en el suelo, mientras éste entonaba una sonata por el alma de su cazador. Había incumplido la promesa, pues podía haber salido corriendo del lugar o haber continuado con la música, pero en una lucha a muerte por su vida...
"El fin justifica los medios", pensó, alejándose. October 28 Be Welcome |
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